Socorrismo Canarias


Es importante considerar ciertas afecciones médicas al estar en el agua o cerca de ella, ya que algunas pueden aumentar significativamente el riesgo de ahogamiento. Entre estas afecciones se incluyen enfermedades cardíacas, epilepsia, Alzheimer, diabetes y autismo. Las personas con demencia, epilepsia o enfermedad de Parkinson presentan una proporción más alta de ahogamientos en comparación con la población general.

La epilepsia, en particular, se ha identificado como un factor de riesgo elevado para el ahogamiento, especialmente en niños de 0 a 14 años y en adultos mayores de 65 años.

Se estima que las personas con epilepsia tienen un riesgo de ahogarse de cinco a quince veces mayor que el de la población sin esta condición, y los incidentes ocurren con mayor frecuencia en entornos domésticos, como baños y piscinas.

Las personas con epilepsia pueden ser nadadores competentes, pero deben tomar precauciones adicionales. Consultar al médico sobre la seguridad en el agua es esencial, especialmente si ha habido un cambio reciente en la medicación o si la epilepsia no está bien controlada. Seguir el tratamiento anticonvulsivo de forma regular es fundamental, y no se debe nadar si se ha omitido alguna dosis prescrita.

En función de la frecuencia e intensidad de las convulsiones, a algunas personas se les puede recomendar evitar nadar, mientras que otras pueden participar en actividades acuáticas si siguen las precauciones necesarias. También se aconseja no nadar cuando se está cansado o se siente malestar general.

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